¡Díselos, Reina!

Esta es una traducción de la historia original escrita por Zero H.P Lovecraft, y puedes tanto el texto original como el resto de sus trabajos aquí.

Comenzó a llamarse a sí mismo Candace —  Candy en realidad, que era la forma corta de este nombre — . En un principio solamente lo hacía dentro del internet, porque en la vida real seguía siendo Stuart. La pornografía era algo que le gustaba mucho a Start; un montón y quizás demasiado, consumiéndola todos los días y masturbándose siempre que tuviese tiempo para hacerlo. Usualmente lo hacía mirando contenido bastante normal, pero él era una persona con la mente abierta. Sin embargo, en algunas ocasiones después de haberse venido por tercera vez en un mismo día, era necesario algo más extraño de lo que estaba acostumbrado para reanimar su entrepierna y satisfacerse otra vez. Le gustaban los videos que le hacían sentir extraño y que ni siquiera le excitaban por sí solos, más bien era aquella incomodidad y el mal sabor de boca al pensar “esto está mal” aquellas cosas que le permitían cruzar la frontera del placer una vez más.

Las cosas prohibidas son atractivas por naturaleza, y cuando nada está prohibido… — ¿Ahora qué sigue? — Stuart tenía la costumbre de lurkear regularmente en 4Chan, ni siquiera buscando porno, sino más bien de una sorpresa que lo estimulase un poco. La gente usualmente posteaba cualquier tipo de pornografía sin importar qué tan raro fuese, siempre entendiéndose que aquello en cuestión era presentado al mundo entero como algo extraño o incluso desagradable, jamás erótico por sí mismo; la gente podía usarlo como combustible para sus fantasías de manera irónica, como si de un reto se tratase. 

Fue esta manera de introducir algo que era claramente desagradable pero irónicamente sensual la que proporcionó a Stuart con la excusa para comenzar a “darle valor” a este material que claramente jamás debía ser apreciado como algo sexual. Algunas de las historias e imágenes tenían elementos sexuales que llamaban su atención — El BDSM por lo regular terminaba con el intercambio de fluidos al que estaba habituado —. Pero otras cosas como el vore —  ser devorado vivo por la emoción sexual que esto provocaba — le hacían sentirse demasiado incómodo e inclusive desorientado tras haber pasado demasiado tiempo siguiendo al conejo blanco. 

Lo peor que alguna vez encontró fue una historia — Stuart jamás supo si era cierta —  acerca de una serie de videos sin ningún tipo de material sexual evidente pero que servían para que un psicópata se manosease por tratarse de personas siendo detenidas en contra de su voluntad, torturadas e incluso asesinadas por animales salvajes. 

Pero él normalmente solo se masturbaba con pornografía normal — para personas normales — tanto por mero aburrimiento como por simple lujuria. Mientras más consumía le costaba mayor cantidad de tiempo llegar al punto sin retorno. Media hora al comienzo, ahora de una hora entera de masturbar un pene flácido hasta terminar con la tendinitis de un jugador de tenis; finalmente hallándose a sí mismo en aquel único pensamiento coherente, aquella aniquilación del ser que tan solo duraba un breve instante, seguido por un impulso seco en su pene y la secreción de una mucosa en un pañuelo para luego sentir aquella claridad después del orgasmo que los japoneses llaman “el tiempo del sabio”: un microcosmos de entendimiento en el cual el hombre se halla libre de todo deseo. 

Cuando se encontraba libre de todo deseo también retrocedería un poco tras observar una vez más las imágenes que había consumido durante horas: meros sacos de piel colisionando y cinéticamente liberando secreciones, sudores e incluso olores. Gracias a Dios era imposible oler cosas a través de una pantallas, pero al cerrar los ojos, Stuart todavía miraría aquella apariciones fantasmales impresas en sus retinas; la forma de una mujer, sus piernas abiertas y personas fornicando en cualquier posición en la que se hallaran cuando él terminó. 

Las mismas apariciones mohosas volverían a su consciencia en una forma atractiva apenas una hora más tarde y apenas a una búsqueda de distancia. Stuart deseaba tener una novia, eso era más que evidente, pero el internet podía suministrarle un alivio a ese vacío. Tan solo buscándolo era capaz de conseguir una gran variedad de cosas — a excepción de comida, trabajo o amigos —  y la pornogracía era como una novia muchísimo más fácil de tener a su disposición a comparación de en la vida real, — Ella en muchas ocasiones le hablaría con palabras dulces o le pediría hacer cosas como una chica real haría, y Stuart particularmente disfrutaba esos videos donde las mujeres le daban la “experiencia de tener una novia” — le hablaría como si le conociesen, preguntaría si deseaba acompañarla al mercado local o recordaría que ella tenía que viajar para conocer a sus padres la próxima semana. 

“Sé que estás muy ocupado con tu viaje de negocios, pero te extraño muchísimo y por eso te grabé este video. Espero que te guste, porque nunca he hecho algo parecido a esto”. — Entonces ella mencionaría el nombre de otro sujeto, porque nunca era su nombre; salvo una ocasión en la que sí encontró un video donde la chica dijo “Stuart”, cosa que le hizo flagelarse el pene durante horas. Pero con la mención de cualquier otro nombre, inmediatamente reconocería que se trataba de algo falso. — Senos falsos, bronceado falso, cabello falso, ojos falsos, gemidos falsos y atención falsa; orgasmos falsos, ¡falsos!

Luego de un tiempo sucedió algo que Stuart no pudo explicar con precisión. — No, esa es una mentira porque él podía explicarlo pero no quería hacerlo. — Era el hecho de que el porno que más le gustaba ahora era aquel en donde las mujeres frente a la pantalla se vestían como los personajes de sus animes y videojuegos favoritos, portando tantas capas de maquillaje y prostéticos que la mujer en el video se convirtió en un elemento secundario para su representación como objeto sexual mediante los adornos que portaba; tales elementos eclipsaban cualquier demostración objetiva de su existencia como mujer, finalmente transformando la conciencia de Stuart para que fuese indiferente ante el hecho de que aquello que miraba era una mujer o algún tipo de hombre afeminado. — Por supuesto, él no mencionaría la palabra “hombre”

En algún momento le pareció tan sencillo identificarse y proyectarse sexualmente en un hombre de presentación femenina como hacerlo en una mujer, quizás incluso más fácil considerando que la vestimenta del primero y la suya usualmente eran muy parecida. En el ciclo de retroalimentación frente a la pantalla, en sus neuronas espejo — Nótese que solo usaba estas palabras para convencerse de que era alguien inteligente, pero realmente no sabía qué significaban — las horas viendo mujeres haciendo actos sexuales destruyeron su identidad y terminó siendo incapaz de distinguir entre ser el objeto de deseo o tener el deseo por aquel objeto y comenzó a necesitar imaginar que él era la mujer para excitarse, pero aún teniendo un pene — Realmente no tenía sentido. 

No ayudaba el hecho que las chicas detrás de la pantalla que le alentaban a pretender que ella era la mujer comenzaban a surgir del vacío digital,— Ser un candente y juvenil objeto de deseo; sin hombros amplios, vello corporal o manos enormes — haciéndolo actuar en una pantomima de feminidad. Stuart juraría con toda honestidad que se trataba de una conspiración en donde alguien constantemente subía estos videos para plantar la idea en la cabeza de las personas. Pero eso era una locura — ¿No? —. Había una demanda por este contenido, un montón de hombre debían gustar de estos videos con mujeres ordenándoles pretender que son mujeres, por lo que el mercado identificó esa demanda y sencillamente la suplió. El mercado es uno de esos genios que vienen con una maldición, donde se te concede todo lo que desees pero con un horrible truco detrás y consecuencias imprevistas. 

Le tomó algo de tiempo a Stuart reconocer que él estaba haciendo todo esto, pero eventualmente se convirtió en algo demasiado grande como para seguir negándolo. — Quiero decir que aunque él siempre borrase su historial de búsquedas de forma que no hubiese evidencia en su computadora, tanto Google como Microsoft y Pornhub, así como cualquier otra agencia tenían que saberlo, ¿No? Tenían su dirección IP y lo que fuese que había buscado ahora se hallaba en una base de datos permanente. — Tanto él como ellos lo sabían; la nube lo sabía y qué mejor evidencia que el hecho de que sus recomendaciones de Amazon estaban llenas de consoladores y medias arcoíris. 

Sabe que no quiere esto, pero tampoco está tan seguro de que para este punto así funcionan las cosas ahora, y no puede detenerse; no de mirar pornografía o las fantasías autoginefílicas, pero está determinado a ser un hombre racional — Quizás una mujer racional, imaginen un ojo guiñando — y pensar en el amplio horizonte que tiene frente así, porque incluso si es es un poco ignorante de lo que pasa en el mundo, tampoco está ciego ante el aura cultura de los tiempos modernos y sabe dónde hallar todos los foros y subreddits; los “recursos” para todas sus necesidades. Una búsqueda lo separa de ellos, justo la misma distancia que hay entre él y el porno, la comida y el resto de cosas en su vida. 

Start buscó hasta hallar más palabras de las que sería capaz de leer en toda su vida: argumentos, historias de vida, desesperación, fantasías sexual, teorías científicas y pseudocientíficas. Una legión de hombres deprimidos se presentaban frente a él, y él no tardó en hacer una nueva cuenta de Reddit — No quiere usar su nombre real — para postear en un subreddit para personas que se hallan cuestionando su identidad sexual. Se presentó ante todos y habló un poco acerca de él, qué tipo de porno consume habitualmente y el hecho de que últimamente tiene que  imaginar que ella es la mujer para ser capaz de tener un orgasmo. 

Casi de inmediato se encuentra con una respuesta amistosa de otra persona llamada JUGOS_FEMENINOS_DE_CÓDIGO_ABIERTO — Asqueroso — que le explica que esos sentimientos son normales y muchas personas con identidades de género femeninas se enteran acerca de ello a través de experimentar con su sexualidad. JFDCA también le cuenta que tu género es algo distinto de tus genitales o inclusive tu cuerpo en todo sentido posible; no todos las personas tiene su género coordinado con su cuerpo, y que si uno se siente como un chico, chica o algo que ni siquiera entra en lo binario, eso es algo que uno tiene que descubrir con base en sus propios sentimientos. Nadie puede decirte cuál es tu identidad de género, pero tanto él como algunas personas perfectamente pueden sentirse como una mujer con pene. 

Stuart piensa un poco en todo lo que acababa de leer e hizo click en uno de los enlaces que JFDCA le envió para hablar acerca de sexo, género y aceptar tu verdadero ser, pero él realmente no está muy convencido de ello ni está seguro de qué hacer. Había escuchado antes del concepto de identidad de género, pero jamás se lo había tomado en serio y por supuesto que nunca había pausado un momento y mirar dentro de sí para cuestionar la distancia entre su género y sexo; ahora comienza a sentir que probablemente hay algo que debe develar acerca de sí mismo, casi como si se tratase de una misión en un videojuego. 

Comienza a preguntarse su identidad de manera constante y en ocasiones con desesperación para lograr entender si él se “siente como” una chica o un chico, quizás como algo más en medio, pero esto se siente como mirarse en un espejo que apunta a otro; reflejos tras reflejos por toda la eternidad hasta que nada se siente real. Pareciese que mientras más se lo pregunta, más disfórico se vuelve, como si el mero acto de considerarse con seriedad resultase en disforia como la única respuesta posible. 

Stuart también sabe un poco de budismo y el concepto de los cinco agregados, — Skandha — que son elementos a los que uno se aferra para la formación correcta de la consciencia pero que realmente no son parte de la naturaleza tangible. Se tratan de una máscara ilusoria que atrapan a uno en el ciclo de reencarnación y son impresiones, sensaciones, percepciones, actividades mentales y la propia mente; si el iniciado es capaz de abandonar todas estas construcciones, entonces lo que resulta el verdadero y supremo ser, que es la nada misma y el todo al mismo tiempo. Su identidad de género — Por lo tanto —  se siente un poco como eso, como si las personas en el subreddit para personas trans-curiosas le estuviesen pidiendo tener fe en algo inmaterial e inefable.

Una de las muchas cosas que dicen es que la feminidad y masculinidad son un acto condicionado por la cultura, y que todo cuanto a él le gusta y halla sexualmente atractivo — Como los vestidos, maquillaje para los ojos y determinadas maneras de moverse o hablar —  son tan solo femeninas por accidente; que ha sido educado por la sociedad para actuar su masculinidad pero que igualmente podría actuar una feminidad, y que esta actuación es una máscara de su identidad de género, pero que al final — Otra vez — lo más importante es lo que siente dentro suyo, sin importar qué tan confuso sea. 

Otro usuario le dice que está bien experimentar con distintas cosas cuando está tratando de entenderse a sí mismo — Quizás a sí misma — y le sugiere que si hay algún atributo o acto femenino que resuena con él, simplemente debería actuar aquello para ver cómo le hace sentir.

Los arquetipos estéticos de la pornografía — Una porrista; la chica gamer con su control, cabello de tono aguamarino y cara ahegao; la oficinista puta con pantimedias de nylon y minifalda; la madre solterona; la estudiante; la hermanastra en camisón blanco y bragas rosadas; la chica gótica; la mocosa rebelde — son todos actos, mera cultura e incidentes — Pero también podrían ser señales que pueden orientarlo a una cosa reala cerca de sí mismo.

Por más incómodo que se sienta hacerlo e incluso sintiéndose avergonzado de abandonar su casa para hacerlo, terminó comprando maquillaje, una peluca y zapatos con tacón alto color negro en tallas para hombre dentro de una tienda online perteneciente a una suerte de emporio para drag queens, e incluso ordenó ahí mismo ropa interior para chicas y se miró algunos videos en YouTube acerca de cómo contorsionar su cada para hacer lucir su mandíbula y nariz tanto pequeñas como femeninas. Terminó vestido y maquillado tan bien como pudo, y se tomó una selfie que posteó para que sus nuevos amigos de internet la viesen.

Todos le dieron un upvote a las fotos — Stuart jamás había recibido tantos en Reddit — y le dijeron lo preciosa, tierna y candente que se miraba; que era una reina, una zorra y demás, pero él se sentía como una prostituta y cuando se miraba al espejo todo lo que podía ver era su mandíbula cuadrada y sus enormes manos que anteriormente le dejaron en el rostro las marcas de una afeitada con el objetivo de aquello que se podía incluso a través de las muchas bases de maquillaje que se había colocado. 

La ropa que vestía era incómoda: le apretaban de manera incómoda en algunas partes y en otras estaban demasiado sueltas, y tuvo que rellenar el sostén que había conseguido con bolas de papel para que el vestido colgase bien de su cuerpo, quizás apenas bien. Stuart podía sentir el peso del maquillaje y la peluca en su piel, como si por el conjunto, se tratase de un árbol bonsai con montones de construcciones obligándole a adquirir una forma distinta a la suya. 

Sin embargo lo había conseguido, y le tomó un poco de tiempo darse cuenta que quizás sin intentarlo había personificado todo su ideal pornográfico de una mujer. Por lo tanto, decidió llevarse a sí misma a una cita y él se roció con un poco de perfume antes de llamar un taxi, y al salir del vehículo se siente algo inseguro de caminar con tacones; su única consolación es que estos modifican su postura de tal manera que ha conseguido un andar un poco más femenino. 

Stuart va a un bar y ordena una bebida, sentándose solo mientras siente la mirada de todo mundo sobre él. El camarero obviamente está algo incómodo — ¡¿O quizás se está proyectando?! — pero se mantuvo profesional todo el rato y todo pareció ir bien. Él mira a su alrededor e inmediatamente desvía la mirada avergonzado cuando alguien intenta hacer contacto visual.

Entonces algo impensable sucede — Una chica se sienta a su lado y comienza a hacerle plática — Tiene el color teñido de rubio y sus raíces castañas son increíblemente visibles, está algo gorda aunque no tanto como para notarse demasiado en el vestido negro que lleva puesto. No es tan atractiva como el resto de chicas en sus películas pornográficas favoritas, pero por supuesto ella es real, tangible y está frente a él. La chica le pregunta su nombre y él tartamudea porque jamás había pensado en ello hasta aquel instante, y dice que es Candy — Candace, es una forma corta de decir Candace. —  Y está increíblemente consciente de que lo dice con un timbre masculine, pero a ella no parece importarle. 

La mujer responde que su nombre es Mandy — Amanda, Candy y Mandy, ¿No es eso chistoso? — Inclusive le compra una bebida y le dice que debería probar un cosmos. Ella es quien más habla durante la mayor parte de la conversación, y él realmente no le presta mucha atención. Honestamente, es porque nada como esto le había pasado antes: una chica sentada al lado suyo en un bar hablándole como si fuese una amiga o algo así. Mandy continúa hablando sobre un show de televisión y cómo el resto de sus compañeras la abandonaron esa noche, por lo que decidió ir sola y está contenta de haberlo hecho: piensa que es realmente genial e interesante como él — Stuart, Candy… Está bien. —  no tiene miedo de ser ella misma en público y que es una cosa sencillamente buena. Se toman unas selfies juntos y ella las postea en sus redes sociales.

Mientras más bebe más empieza a pensar en tocarla — En que si él es una chica entonces él es una lesbiana o algo así — pero no la toca, aunque ella sí lo toca en el brazo aunque no de forma sexual hasta donde él entiende, pero se siente increíblemente bien independientemente. Él quiere irse a casa y masturbarse mientras piensa en ello, pero incluso si él no dijo casi nada, Mandy le dice que estaría encantada de volver a verlo alguna vez, presentarlo a sus amigas; ellas tendrán una noche de chicas después de todo, y le termina dando su número telefónico a la vez que le pide el suyo. 

Stuart regresó a casa sintiéndose mareado y excitado, riéndose de sí mismo por el hecho de que su cita aparentemente fue todo un hecho porque al parecer la suerte le está sonriendo. Acabó por colocar el primer video porno donde aparezca una rubia con raíces castañas, subiéndose la falda para así darse placer todavía vestido y maquillado, pensando en Mandy — Candy y Mandy, unos nombre tan dulces como las paletas de goma o los caramelos — viniéndose con tanta fuerza que se sintió como la primera vez. 

Stuart comentó en el subreddit para transexuales acerca de su cita. También pidió consejos para moverse y hablar como lo haría una chica, añadiendo lo mucho que amó sentirse femenino, y en respuesta le dijeron que comenzase a tomar hormonas femeninas. El problema es que él se siente demasiado avergonzado para ir con un doctor y obtener una prescripción, por lo que igualmente le ayudan a comprarlas con Bitcoin en un sitio ruso de dudosa confianza.

Algunas veces cuando toma el estradiol termina sintiéndose con náuseas o mareado, quizás incluso con un terrible dolor de cabeza, pero aún así le crecen tanto senos como caderas a pesar de no hacer nada para impedir que le siguiese creciendo vello o hacer un poco más pequeñas sus manos, pies y mandíbulas. Las hormonas también mataron su impulso sexual y le dieron disfunción eréctil, pero él simplemente se masturba hasta superar ese obstáculo — Probablemente también se sodomiza, pero es mejor no indagar en ello —  Sus orgasmos se hacen más difusos y se sienten por todo su cuerpo, sus emociones más inmanentes y tanto las matemáticas como la lógica se hacen más complicadas para él.

Continuó siendo Stuart mientras se halla trabajando como cajero en una tienda departamental, y viste una camisa enorme para ocultar su cuerpo. Sin embargo, cuando regresa a casa él es Candace, como si regresara a su hogar para estar con su novia después de un largo día de trabajo. Él se ha convertido en su propia novia, y ella siempre se pone linda para recibirlo en casa; él compra flores para ella de camino a casa mientras que ella le prepara un asado en la olla de cocción lenta. — Huele bien, cariño: él resalta cuánto la adora. La imagen de la domesticidad.

Durante un fin de semana, él se vistió para ir a un espectáculo drag con Mandy y sus amigas. Los hombres en el escenario son como él: masculinos debajo de sus vestidos y trastornos. Él pensó en cómo tan sólo están “actuando un género”, y es justo como en el porno que le gusta, donde el objetivo es acumular tanto símbolos de feminidad como sean posibles para ocultar al hecho mismo de la persona que los porta. Todas esas faldas, pelucas que brillas con colores neón y botas de cuerpo son los cinco agregados — Formas e ilusiones que oscurecen al verdadero ser debajo de estas. Lo que sea esa forma verdadera. 

Todos esos símbolos son también la única razón por las que sus nuevas amigas están con él. Si se quitase su vestido y dejase que su cuerpo adquiriese una apariencia más natural, ni siquiera lo reconocerían y mucho menos habrían hablado con él en primer lugar; jamás le habrían ofrecido atención o un espacio de su tiempo. Pero él dejó a un lado aquel pensamiento y lo encerró profundo dentro de su inconsciente — ¿Qué es el verdadero ser de todas formas? No hay evidencia de que ello exista. — Ahogó esos pensamientos en shots de vodka y esencias frutales durante el intermedio del espectáculo. En la recepción junto con sus amigas se rieron, mientras que una de las drag queens, vestida en colores magenta que brillan en la oscuridad e invocan a una dominátrix de Satán, se les acercó para reírse en broma de las chicas y darle un cumplido a Stuart por sus senos. 

La manera en que tanto Mandy como sus amigas lo tratan se siente genial, como si él realmente fuese una de las chicas. Lo provocan un poco mientras le comentan que él le gusta a esa drag queen de nombre Lucifera, y quizás… — Pero eso no se siente bien — De alguna forma todavía no puede ser lo suficientemente valiente para decirles que a él le gustan las mujeres, como si ello arruinase la fantasía y ellas lo acabasen viendo como un perdedor pervertido. Si ellas lo alaban por su autenticidad de forma que él puede ser honesto con ella, su subconsciente no debería decirle que aquel hecho nunca sería bien recibido. 

Después del espectáculo, Mandy regresó a su casa junto con él, y ambos están bastante ebrios. Ella intenta manosearlo debajo del vestido, pero la combinación de sus nervios, licor y estrógeno le impiden siquiera empalmarse un poco. Ella terminó por desmayarse en su sofá, molesta, y le llamó un taxi para llevarlo a casa; mortificados los dos, nunca más hablan acerca de ello. 

Mucha de la incertidumbre, preguntas e incomodidad provienen de una incongruencia entre lo que es su físico y lo que su alma siente, piensa él durante mucho tiempo; que sin importar qué clase de actuación haga, siempre estará ese hecho observable y saliente de su pene, su verdadero ser — A pesar de lo que todo mundo diga — recordándole que es un impostor que le hace sentir incómodo al sentarse sin importar qué posición adquiera, siempre burlándose con su obstinación. 

Naturalmente, sus amigos de internet le dicen que la solución es removerlo. 

Candace hizo una investigación acerca de la “cirugía de reafirmación de género” — Los folletos y panfletos siempre estaban redactados con mucho cuidado, siempre en un tono positivo y alegre. — Incluso cuando se describían los detalles de la operación, siempre se hacía con muchísimo cuidado de hacerlo sonar como una experiencia divertida; había un entendimiento entre los autores de que la audiencia a la que hablaban se componía de gente al borde de la violencia o desesperación. Toda la documentación y sitios web, muchos con imágenes, pintaban experiencias alegres y le decían que sería feliz después de las cirugías. 

Ella miró un video, bastantes de ellos, acerca del procedimiento — Vaginoplastia peritoneal de empuje —. Un video tomado desde la perspectiva del interior de un paciente mediante una laparoscopia: orquiectomía, con tijeras para quirófano cortando la carne como si de tela se tratase; rebanando toda la longitud del pene, invirtiéndolo y desollando sus contenidos; cortando la punta del pene con un bisturí hasta alcanzar las dimensiones de un clítoris y atándola  victoriosa en la cima de una neovagina. 

Pero la imagen que las fuentes de consulta y sus nuevos amigos le pintaron se sentía demasiado rosada para ella. La manera en la que hablaban acerca de los clientes satisfechos, y cómo la mujer transgénero promedio tras la cirugía calificaba la felicidad que su nueva vagina le daba con un 5.9/7, como si de servicio al cliente de una cadena de comida rápida se tratase y no del hombre que acababa de manipular su pene como si este fuese un platillo de sushi. Por lo tanto, ella buscó también en foros anti-trans personas que le dijesen la otra cara de la moneda; hallando en el proceso historias del repetido colapso de la vagina, sobre fístulas anales, aplasia vaginal y el excruciante dolor de la dilatación, cómo durante el resto de su vida tendría que insertar un cono de plástico en su vagina hecha a partir de un pene para extender sus interiores e impedir que esta se cerrase. 

También, no es como si estas intervenciones pudiesen crear un cérvix o útero. — Los habitantes en las islas melanesias que observaron las entregas de suministros desde aviones durante la Segunda Guerra Mundial desarrollaron un complejo sistema de prácticas religiosas alrededor de hacer una pantomima de estas entregas aéreas. Se colocan uniformes similares a los de los soldados estadounidenses, hacen desfiles e incluso simulacros de combate con rifles de madera, construyen pistas de aeropuerto y  usan audífonos también de madera mientras se sientan en torres de control falsas. Nada de esto hizo que el ejército de Estados Unidos volviese a hacer entregas de suministros. La neovagina es parecida a esto: audífonos inertes hechos del material incorrecto, una vagina hecha a partir de un pene, un culto de cargo de la feminidad; un callejón sin salida en la que literalmente solamente hay un agujero de entrada pero ninguna salida. 

Ella leyó una historia acerca de cómo las personas pueden oler el hedor de aquella cosa incluso a través de la ropa o también luego de una profusa ducha: el olor de bacterias, heces y muerte. 60% de las cirugías tienen complicaciones que requieren cirugías correctivas posteriormente, pero la mayoría de los folletos aseguran que se tratan de un asunto menor. Candace siente que ambas partes de la discusión tienen sus propias agendas, pero aquella noche tuvo una pesadilla acerca del consultorio de un doctor donde ella yacía inmóvil en una mesa de operaciones, el doctor usando un martillo para clavar sus extremidades con clavos de manera que no se pueda mover mientras él comienza a cortar su carne sin anestesia; sangre disparada por todas partes y gritos de agonía. 

De todas formas terminó despertando y el dolor fantasma desapareció rápidamente, pero el emocional persistió, y esto solo sirvió para complementar el sentimiento omnipresente de que se hallaba al borde del colapso, ansiosa por nada y todo. Comenzó a sentir que realmente era su pene la causa de todos sus problemas, y que de no estar ahí, entonces sería libre de ser la mujer que ella es por dentro; por supuesto que esto haría que toda su tristeza y miedo desaparecerían inmediatamente; que a ell le han mentido toda su vida y que este acto de mágica redención limpiará todas las mentiras. 

Incluso si ella no tiene un buen trabajo, la megacorporación para la que trabaja por supuesto pagará para que consulte a un doctor acerca de su transición, cirugía y todo lo que le siga; están comprometidos a ser una fuerza de bien y un cambio positivo en el mundo, después de todo. Candace navegó a través del sitio web de la compañía y logró hacer una cita virtual en un consultorio de género aquel mismo día. 

En llamada con el psiquiatra le explicó que ha estado consumiendo pastillas de estrógeno que consiguió en el mercado gris durante medio año; que vive como una mujer en su vida personal pero que ha decidido continuar presentándose como hombre en el trabajo porque se siente avergonzado de ello y se siente preocupada acerca de cómo sería aceptada por sus compañeros. Candace tiene la confianza siendo una mujer y está lo suficientemente feminizada que su loquera le da el visto bueno para agendar su cirugía más pronto de lo habitual. 

Pero los videos y lecturas que ha consumido acerca de la cirugía de reafirmación de género le han marcado hasta el borde del terror lo suficiente para no querer una neovagina o algo parecido. En cambio, ha decidido por una cosa denominada nulificación, que su pene y testículos sean removidos para tener una entrepierna como la de las muñecas de plástico. Ella sabe que suena como una locura, pero el pensar en los riesgos, complicaciones — El olor — y el dolor de todo es demasiado para ella. En el futuro, si ella cambia de parecer, sabe que puede optar por tener una vagina creada a partir del tejido de su colon sigmoide, pero de momento, esto es todo lo que ella desea. 

De hecho tiene una petición adicional, y cuando se reúne con su cirujano, le explica que quiere que este le prometa algo: si él puede remover sus genitales de modo que queden intactos, entonces le encantaría conservar sus órganos como un tipo de recuerdo. El cirujano le dice que aquello es inusual, pero posible. 

El día de la cirugía se dio de alta en el hospital. Mientras ella espera para que la manden al pre-operativo, escucha una voz en su corazón — No la suya!— pero tampoco es la de otra persona. Simplemente le dice: “Stuart, no hagas esto”; nervios y mariposas en el estómago por la cirugía, por supuesto. La siguiente hora pasa como una brisa, y es colocada sobre una cama de hospital, suministrada con una intravenosa por la que circulan numerosas drogas. La última cosa que recuerda es tratar de explicarle a una enfermera acerca del culto a John Frum. Cuando despertó, su parte posterior está envuelta en vendajes como si de un enorme pañal se tratase, y junto a ella hay una prescripción de oxicodona — Por último, le dieron una hielera de unicel llena de hielo y una cinta de riesgo biológico sellando sus contenidos del mundo exterior. 

Mandy la recogió para llevarla a su hogar, la ayudó a meterse en la cama pero ninguna de las dos sabe qué hacer exactamente con la hielera y el pene. Candy dice que averiguará qué hacer con ambos en la mañana, y le pidió que los colocase en el refrigerador, cosa que Mandy hace para luego irse a casa. 

El efecto de las drogas que le habían prescrito a Candy todavía no habían perdido su efecto, y se hallaba en el momento del día en que ella ya se habría ido a dormir. Pero incluso tras tragarse unas píldoras más, e incluso ante imposibilidad de su plan, ella tenía una solución: había conseguido con antelación un set de pornografía de hipnosis erótica tan cara como exclusiva, que usaría durante unas horas antes para conciliar el sueño. “Esto es el futuro, este es el camino”, se dijo a sí misma, pensando que ahora era una suerte de bodhisattva sin pene que redactaría un best-seller llamado “Venirse sin venirse” o “El pene sin pene”, algo por el estilo, posicionándose como el buda de la gente como ella — Por supuesto que nada de esto sucedió.

Mientras ella se está quedando dormida se pregunta qué hacer con su pene. — ¿Formaldehído? ¿Encogerlo y curarlo como una cabeza reducida? ¿Embalsamarlo y montarlo sobre una chimenea? ¿Colgarlo de su cuello como un talismán? ¿Rostizarlo y comerlo en un extraño ritual de auto-canibalismo? ¿Venderlo en internet? ¿Deshidratarlo, molerlo e inhalarlo como un polvo? — Pero las opciones son extrañas, simplemente raras y rápidamente el sueño se apodera de ella.  

Cuando se despertó en la mañana, todo su cuerpo está inflamado y especialmente su región pélvica se siente a punto de reventar, haciéndola tragar dos píldoras de oxicodona como desayuno antes de observar bien su miembro cercenada. Pero cuando abrió la puerta del refrigerador halló que la hielera estaba de lado y la etiqueta rota ahora cuelga en una esquina junto al hielo derretido; junto a esta, temblando y apenas consciente, se encuentra un homúnculo del tamaño de su piño, un pequeño error con forma humana que crece a partir de su pene y testículos, sus — antiguos — genitales luciendo estúpidamente enormes en esta pequeña criatura. 

Pensó que debe ser un sueño o una alucinación de las pastillas, pero jamás había escuchado nada parecido a lo que está mirado; jamás lo habría imaginado, y apenas puede comenzar a procesar la realidad, especialmente sintiendo cómo la oxicodona empieza a aliviar el dolor de su cirugía: “Todo está bien y todo estará bien”, dice ella. 

Ella recogió al pequeño homúnculo y lo sostiene en la palma de su mano, y como su piel está fría lo abraza en ambas manos para sostenerlo mejor junto a su pecho y así calentarlo. Ella no puede explicarlo, y sinceramente no lo intenta. De alguna forma, en el primer día de su vida siendo una mujer se ha saldado el cortejo, el desarrollo de una relación e incluso el sexo y embarazo para acabar directamente en la maternidad. ¿Cómo llamará a este niño? Ella sigue siendo una virgen, y en realidad ni siquiera ha concebido al niño ni mucho menos le ha parido. Es más como una mitosis, reproducción asexual, como una célula eucarionte partiéndose en dos. 

Este homúnculo se calentó un poco e incluso se hizo ovillo justo en medio de sus senos. Candy se preguntó si debería intentar amamantar al niño; después de todo, ella tiene senos ahora, aunque su cuerpo está lleno de oxicodona. Pero duda que cualquier tipo de leche saldría de ella, y el bebé no parece estar interesado. Cuando ella lo sostuvo cerca de su pezón, él volteó su pequeña cabeza hasta con disgusto, — Quizás lo imagino — pero continúa enrollado sobre ella y cae dormido. 

Algo maternal empezó a surgir en ella, y colocó al homúnculo en la cama para cubrirlo con sus mantas de manera que se mantenga cálido. Entonces ella terminó acostándose en su sofá, y piensa que quizás no será un buda sino una Virgen María. Sus padres eran católicos e incluso recuerda cómo rezar el rosario — Tal vez llamará al bebé Stuart, Stuart segundo, incluso. 

Ella cayó dormida rápidamente para luego despertarse en medio de la noche y tragar otras dos píldoras e inmediatamente checar cómo se encontraba el bebé, Stuart segundo. Él sigue ahí, cobijado pero ahora mucho más grande y del tamaño de un niño real, quizás pensando ya cinco kilos; todavía durmiendo desnudo con su pene adulto de proporciones cómicamente enormes. — Sería mejor que lo llevase con un doctor por haber decidido quedarse con él, así que hizo una cita en un consultorio para dentro de algunos días. 

A la mañana siguiente el niño era todavía más grande, con las proporciones de un niño pequeño, ahora capaz de gatear por la casa. Candy tiene la semana libre y todavía sigue tragando píldoras, ordenando algo de comida thai llegada la tarde. A la llegada del repartidor, Stuart ha dado sus primeros pasos y ella nota que ya tiene todos sus dientes; él termina comiendo el pollo de la bolsa y realmente no toca nada del resto de la orden, yendo de nuevo a dormir. Ella trata de abrazarlo en la cama, pero este le empuja. “No me toques”, dijo su pene, “Eso ya no es lo que eres”.

Llegado el final de la semana, cuando ella tiene que regresar a trabajar como toda una mujer, y su pene ya era un hombre adulto; mismo que era cuando ella era un hombre antes de que comenzase a tomar hormonas. Él viste sus antiguas y masculinas ropas, y por primera vez, ella pudo ver cómo se veía antes: brazos delgados, terriblemente pálido y con un extraño antebrazo derecho más desarrollado. Pero su pene tiene un singular brillo en los ojos, algo que ella siente que nunca tuvo. — Él se levanta con una buena postura y confianza, más confianza de la que ella jamás tuvo. 

Stuart — Su pene — no duerme en la misma cama que ella, sino que lo hace en el suelo. El primer día en que ella regresó del trabajo, lo encontró haciendo flexiones sin camisa en medio de la sala. Su casa, que normalmente está sucia, ahora está limpia; él aspiró los pisos y tiró toda la basura, arreglando incluso la posición de los muebles, demostrando orgullo en sí mismo. 

Unos meses más tarde, su pene ahora tenía un trabajo estibando caja en una tienda; ha ganado peso y sus brazos ya comienzan a verse fuertes, su pelo cortado como un militar y su piel bellamente bronceada. Él sale por las tardes y no sale hasta entrada la madrugada. Una noche incluso trajo una chica a casa y se disfrutaron en el sofá, tan fuerte que terminaron despertando a Candace, pero ella ya no tiene testículos y ha perdido cualquier deseo sexual e iniciativa, así que simplemente no se queja. 

Ella escucha a la chica preguntarle a su pene sobre la otra habitación, y él dice que tan solo se trata del lugar donde descansa su compañero raro. Él no sabe por cuánto tiempo más ella estará ahí. 

Sus — No los de ella, sino los de Stuart — padres le visitaron por primera vez en dos años. Su pene los invitó, y ellos ni siquiera se dieron cuenta de que ella estaba presente y por supuesto tampoco le hablaron. Es como si ella ni siquiera estuviera ahí. El padre de ella no la ve, pero claro que está contento, orgullo de su hijo; no de Candy, sino de Stuart. Ella nunca lo había visto más orgulloso: Su padre — El de él — le dice — A él, su pene — lo fuerte y atlético que luce, y lo pulcro que está el lugar. Los tres terminan yéndose para tener una cena juntos. 

De cierto modo, Candace no está molesta. Ella está libre de todo deseo, todo sufrimiento. Quizás ella escapó al Samsara, lejos de los cinco agregados; pronto dándose cuenta que nunca se cambió el nombre y técnicamente su pene es el dueño de su hogar, quizás ahora podría salir a la calle, cantar en la lluvia, desaparecer para siempre e ignominiosamente.

Ahora te lo pregunto amigo mío: ¿Quién se separó de quién exactamente?

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